"Keri Hulme, que tiene ascendencia maorí y comparte algunos rasgos con la protagonista del libro, escribe con una libertad torrencial, a veces con la sensación de que va a desbordarse y salir de madre, pero casi siempre bajo control. Adopta soluciones estilísticas de riesgo y al mismo tiempo retoma la tradición oral maorí para mezclarla con otras culturas. Y todo se convierte al fin en un canto al privilegio de la soledad (compartida) en la isla más aislada del mundo". El Periódico