Este libro tiene dos ejes: uno relativo a la crítica del vacío de los rótulos de identidad, y el otro inspirado en el proceso boliviano como brújula que marca la dirección de una descomposición de la historia mestiza en historias, en plural, de comunidades constitutivas, cada una resurgiendo a través de un trabajo político de re-urdidura de su trama histórica particular.
El intento de la autora es el de una convocatoria a considerar la densidad de las diferencias culturales emergentes de antagonismos históricos complejos en cada nación y en cada región. O sea, se trata de una crítica a un mapa multicultural chato y esquemático que diseña una diversidad fijada en el tiempo, reificada en sus contenidos y despojada de las dialécticas que le confieren historicidad, movilidad y arraigo local, regional y nacional.