Para la mayoría de sus lectores, este libro tiene la ventaja casi inestimable de que no está "enteramente" compuesto de tableros de ajedrez [
] De hecho, se puede ser un completo neófito en el tema y disfrutar de la absorbente prosa del autor, de la honradez con la que se ríe de sí mismo (como jugador es un desastre) y de su pasión por el juego. -The Washington Post