«El bar de Charley, corazón de los esnobs berlineses y de su vida fútil en los años de entreguerras, se convierte así en el espejo de nuestra existencia efímera, y de esa irrealidad que se ha hecho y se va haciendo cada vez más palpable, realidad que existe sólo en sus imágenes multiplicadas en los diarios y en las pantallas de los televisores, imágenes que desaparecen y son sustituidas al instante, aunque conservadas eternamente en un disco digital.»
Claudio Magris